Con olor a muerte
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Con olor a muerte

Con olor a muerte
Tan pronto se está a unos metros de las paredes crema y café, se percibe un leve olor a podrido, y el tufo se incrementa conforme uno se acerca a la puerta de ingreso. Foto: Sergio Ortiz
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TIJUANA, Baja California(GH)
Tan pronto se está a unos metros de las paredes crema y café, se percibe un leve olor a podrido, y el tufo se incrementa conforme uno se acerca a la puerta de ingreso.

A ese ambiente nauseabundo es al que tienen que penetrar las decenas de personas que desde las primeras horas del día, con semblantes descompuestos, esperan en el estacionamiento o en las escaleras.

Al cruzar la recepción, un pizarrón blanco, que tiene las huellas de haberse llenado y borrado miles de veces durante 2018, tenía escrito con marcador rojo detalles como “Desconocido Masculino, Colonia Nueva Esperanza”, registro que era una pequeña crónica de lo que había pasado un día antes del 10 de octubre en esta ciudad.

Ese día, los médicos tuvieron programados diez procedimientos, y era una jornada laboral tranquila en las instalaciones de Servicio Médico Forense (Semefo) de Tijuana.

Desde 2016, personal de Semefo se vio obligado a acostumbrarse a lo que califican como “sobrecarga de trabajo”, situación única en el País ya que como resultado de la ola de violencia, Tijuana es la ciudad que registra más asesinatos a nivel nacional día con día.

En los primeros 10 meses de 2018 se superaron los 2 mil homicidios, situación que representa igual cantidad de necropsias que tienen que realizar 11 médicos y 6 técnicos.

Palpan la violencia
A partir de mayo de 2018, la coordinación de Semefo quedó a cargo de Mercedes Quiroz Prado, una doctora con más de 27 años de experiencia en medicina forense y que a lo largo de su trayectoria ha realizado y dirigido los procedimientos de las víctimas de los homicidios de más impacto en la ciudad.

Tan solo ese 10 de octubre, la doctora Quiroz supervisó las necropsias de seis víctimas de homicidio doloso, dos de culposo y dos reconocimientos. Sin embargo, la carga de trabajo de ese día no se compara con otras fechas en la ciudad.

En julio, Tijuana vivió el mes más violento en su historia, registrando 253 muertes violentas, de las cuales 40 se cometieron en un fin de semana, situación que originó que los médicos tuvieran jornadas de hasta 12 horas.

“En algunos municipios es de que puede haber una necropsia diaria o 2, 5 inclusive; en Tijuana, si hay 10 necropsias es un día tranquilo, en el pizarrón hay 10, 15, 20, 25 necropsias, han habido 27, es lo máximo”, comentó la coordinadora.

olor nauseabundo
No hay momentos de tranquilidad en Servicio Médico Forense, al menos no en Tijuana. Con filas de personas afuera y un constante movimiento dentro, el personal trabaja para disminuir la sobrepoblación de cadáveres.

A las ocho de la mañana, los trabajadores de limpieza ingresan a la sala de autopsias, un cuarto con paredes grises y blancas y cuatro mesas de metal, y con mangueras de presión limpian las manchas dejadas por los cuerpos. Sin embargo, en ocasiones no existe tiempo para esa labor, porque después de una necropsia ya está arribando otro cadáver.

“Estamos trabajando al cien y más, diario hay una excesiva carga de trabajo, que marca la diferencia con el resto del Estado; se habla con el jefe estatal, con el presidente, con la consejera de que Tijuana merece una visión o una atención diferente, especial, por su sobrecarga de trabajo”, explicó la coordinadora.

A finales de 2017, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) emitió una recomendación al Semefo por un posible manejo irregular de residuos peligrosos biológicos infecciosos.

Como irregularidades, reportó que no se almacenaba la sangre en refrigeración y que el líquido hepático y los fluidos corporales eran contenidos en un almacenador de agua de 5 mil litros, ubicado en el exterior de las instalaciones.

A la problemática se sumó el incremento del mal olor, especialmente en las épocas de altas temperaturas en la ciudad, a mediados de año, cuando el calor ascendió a los 39 grados y se registró una avería en uno de los cuartos de refrigeración.

Entre los vecinos de la avenida Televisión, ubicada a un costado del bulevar Fundadores, donde actualmente están las instalaciones, fueron comunes las quejas por un olor que calificaban como de “carne putrefacta”.

“Es insoportable, no se podía abrir la puerta ni las ventanas, tenía unos trabajadores haciendo unas reparaciones en el techo y tuvieron que usar mascarilla porque era insoportable, me decían que no podían trabajar así”, comentó Ruth Valenzuela, de 60 años, y con más de 40 viviendo en la zona.

Además, en junio, una de las tuberías que transportan los líquidos sobrantes de las necropsias tuvo una fuga, por lo que ciudadanos se quejaron por fluidos de sangre que se esparcieron por la calle.

De hecho, uno de los proyectos del Poder Judicial de Baja California es ampliar las instalaciones ante la negativa de la sociedad de su reubicación.

“Hacemos lo que podemos con lo que tenemos, ya se ha hablado de carencias, ya se ha hablado de olores, de sobrecarga, pero nadie se fija en el médico, esa es la parte humana que se debería de resaltar”, enfatizó la doctora Quiroz.

Leves meditaciones
En total, sumando a los 11 médicos legistas, Servicio Médico cuenta con una plantilla de 32 trabajadores, entre administrativos y personal de limpieza.

Las necropsias no es la única tarea que desempeñan los médicos, porque con la entrada del Nuevo Sistema de Justicia Penal en Tijuana, en ocasiones es necesaria su asistencia a juicios orales, los cuales pueden tener durar hasta ocho horas.

Los trabajadores administrativos son los primeros que reciben a las personas que acuden para identificar y reclamar los restos de sus familiares. Pero al no ser la institución encargada de liberar los cadáveres, eso provoca desesperación y hostilidad entre los familiares.

“Desde las 10 de la mañana estamos aquí, solo nos dijeron que esperemos, de hecho ya hay otros familiares adentro pero no han pasado a ver el cuerpo.

“Aquí afuera se tiene que enfrentar uno con la tristeza, el calor, el hambre y no se ve para cuándo”, comentó Sergio, después de seis horas de espera para ingresar Semefo.

“Se tiene empatía con la gente, sin embargo algunas personas quisieran más. Como servidor público debes ser objetivo. Las familias se enojan porque se tarda en entregar el cuerpo, nosotros no somos una autoridad para liberar el cuerpo, está bajo resguardo, aquí se le realiza la necropsia y nuestra función llega hasta cuando firmas el certificado de necropsia y el de defunción”, manifestó la doctora Quiroz.

Ni todos cientos de procedimientos realizados durante 27 evitan que la doctora se impresione al tener un cuerpo enfrente, bajo el escalpelo, tendido en la mesa de metal.

“Al principio fue muy difícil porque tenía una visión diferente de lo que era la medicina legal. Fue muy difícil porque los casos, cuando me iba a casa, los pensaba; veía niños, a mi familia pequeña y también me volví sobreprotectora”, confesó.

Al cruzar la puerta de salida, trata de ocuparse en otras actividades, consciente de que puede ser llamada a cualquier hora.

“He realizado meditación, terapia ocupacional, ya sea confeccionando algunos accesorios o lavando trastes en mi casa, mantenerme ocupada y no pensar lo que hay aquí; el teléfono me saca de esa meditación porque aquí estamos disponibles las 24 horas, entonces cuando suena el teléfono se acaba esa paz”, dijo.

‘La maldad adentro’
Para otras personas, estar en contacto frecuente con la muerte ha tenido repercusiones en su comportamiento y vida.

Semefo en Tijuana cuenta con el servicio de funerarias particulares que se encargan del traslado de los cuerpos desde el lugar del homicidio o hallazgo hasta sus instalaciones.

Mauro Vega, trabajador de una clínica de rehabilitación, laboró por cuatro años en una de las funerarias que presta el servicio a Semefo.

Los cuatro años levantando cadáveres lo cambiaron. Con un hablar pausado y con dificultad para sostener la mirada con su interlocutor, aseguró que trabajar en los levantamientos lo transformó, al punto de necesitar metanfetaminas todos los días para no recordar su jornada laboral.

“Perdí sentido con la realidad, ese tiempo me cambió, me transformó ver tanto muertito al punto en que caí en una especie de sicosis; llegué a un punto en el que golpeé un cuerpo porque sentía que tenían maldad dentro”, lamentó.

Libro de la esperanza
La Procuraduría General de Justicia del Estado informó que hasta octubre aproximadamente el 30% de las víctimas de homicidio en Tijuana se mantenían en calidad de desconocidos.

En esos casos, los cadáveres se mantienen en refrigeración en las instalaciones de Servicio Médico Forense hasta que son liberados por el Ministerio Público y trasladados a la fosa común, localizada en la Zona Este de la ciudad.

La situación es parte de la razón por la que existe sobrepoblación en Semefo.

“Ha sido muy alta la carga de trabajo, estamos con una sobrepoblación, tenemos solicitudes al Ministerio Público, aproximadamente 99, para llevar cuerpos a la fosa común, se ha estado trabajando al día, en los turnos de los médicos no hay descanso”, detalló Quiroz Prado.

Sin embargo, los cientos de necropsias llevadas a cabo, los múltiples juicios orales a los que ha asistido, las horas fuera de casa y metida en el quirófano, pasan a segundo plano cuando pone su granito de arena para que un familiar logre recuperar a un ser querido desaparecido por años.

“Tenemos un libro de desconocidos que cuando llega la familia y logra recuperar el cadáver de su familiar tan buscado, esa es la verdadera satisfacción”, indicó.
TÓPICOS: SEMEFO
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