| Si Funciona De aquà para allá
De profundis
Germán Dehesa german@plazadelangel.com.mx
Hay algo que me quedé con ganas de contar ahora que escribà sobre MarÃa Victoria Llamas: Su técnica inimitable para vender periódico. La recuerdo con nitidez. Llegaba muy temprano a sus faenas. Su atuendo laboral era intachable: Blusa amplia y muy limpia, falda en “Aâ€, medias y zapato bajo. Era la imagen misma de la pulcritud: Su pelo limpio y su aroma muy suave. Alejandro Aura y yo comentábamos que eso era precisamente lo que un hombre gusta de ver en una mujer por la mañana. Comenzaba la vendimia. Digamos que Alejandro y yo vendÃamos cantidad y que MarÃa Victoria vendÃa calidad. Revisaba de manera acuciosa el número del dÃa y con su magnÃfica cabeza registraba toda la información importante. Cumplida esta faena preparatoria, Marivà bajaba de la banqueta y se colocaba de modo que si fuere a haber atropellados, éstos serÃamos Alejandro y yo. Nosotros dos éramos los que en verdad “voceábamosâ€, de hecho, Alejandro con su voz de trueno y yo con mi amplia capacidad pulmonar proferÃamos unos alaridos terribles anunciando de una manera un sà es no es alburera las noticias del dÃa (¡extraaa: Ahora me lo sostienes y me lo pruebas, dijo el diputadooo!). Marivà nos oÃa como quien oye llover y por supuesto que jamás incurrió en las plebeyas prácticas de sus amigos. Ella, como la Margaret Dumont de los hermanos Marx permanecÃa enhiesta y serena como islote de normalidad en el alocadÃsimo mundo que sus cuates provocaban. El fuerte de Marivà eran los camiones de pasajeros que se detenÃan frente a nosotros. Ella cual deidad condescendiente les mostraba el periódico a los aburridos pasajeros que venÃan baboseando por las ventanillas. Bastaba con que alguno mostrara cierto interés para que, veloz como centella, la señora Llamas embrazara sus ejemplares y se subiera al camión. Según ella nos contaba, en su acto de venta le explicaba con largueza al potencial cliente qué era lo que iba a comprar. HabÃa sesión de preguntas y respuestas y si habÃa suerte, la venta se consumaba. Cuarenta minutos después, un camión que hacÃa la ruta de regreso depositaba sana y salva a nuestra voceadorcilla valiente que nos traÃa la magnÃfica noticia de que habÃa logrado vender tres ejemplares, mientras Alejandro y yo, con base en ingeniosas peladeces, ya habÃamos vendido unos 1,500; pero insisto: Nosotros éramos de cantidad, Marivà era la pura calidad… ¿Y ahora, MarÃa Victoria Llamas, qué voy a hacer con tantos recuerdos que nos eran comunes? Tú te has llevado tu parte y mi sensación de empobrecimiento es constante y enorme. Dice la copla: Algo se muere en el alma/ cuando un amigo se va. Por supuesto que asà es y cada amigo recibe de modo irrenunciable su porción de muerte. La extrañeza de Borges es también la mÃa: ¿Cómo puede morir alguien que ha sido tantos amaneceres, tantos dÃas y tantas noches, tantas risas y tantas flores? Son ya varios dÃas de traer en lo profundo una especie de sollozo enorme que no se anima a manifestarse, quizá porque en ese sollozo está lo último que nos queda del amigo muerto. ¿Te acuerdas, MarÃa Victoria, cuando tú y Richard visitaban nuestra casa para tomarle fotografÃas al Bucles?, ¿y te acuerdas de aquella vez que decidiste lanzarte para un cargo polÃtico como candidata externa del PRD?, ¿te acuerdas de que perdiste de modo tumultuoso y, con tal motivo, decidiste dar por terminada tu meteórica carrera polÃtica?, ¿te acuerdas de tantas cosas? Yo conservo mi porción de memorias. Te ofrezco cuidarla como se cuida un valioso documento heredado. Te conservo a ti, querida mÃa, en lo profundo y desde lo profundo de mÃ. LO BUENO Lo buenÃsimo es que hoy toca. ¿QUÉ TAL DURMIÓ? MCCIX (1209) La cárcel es para las ratas, los derechos humanos para los hombres de bien. Famosa renuncia de Arturo Montiel a los derechos humanos.
Germán Dehesa es licenciado en Letras hispánicas y profesor de la UNAM.
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