TIJUANA, Baja California(PH)
Si no tenemos lo necesario, al menos lo único que pedimos es que no nos dejen morir aquí solos”, dijo Paulino Morales Reyes, uno de los 145 ancianitos que no ve la hora para regresar al asilo El Refugio, del que fueron evacuados el pasado viernes tras un incendio.
De tener cada uno su cama, pertenencias y espacio, ahora los más de 60 hombres que habitaban en la casa tienen que compartir un salón con colchonetas y baños improvisados dentro del Centro de Rehabilitación La Esperanza, lejos de la urbe y todos los servicios, por la carretera libre a Tecate.
Afuera, en sillas de ruedas o sentados en el suelo, los “abuelitos” toman el Sol por varias horas, espantando las moscas y ansiando su retorno al que consideran su hogar, otros son bañados con agua apenas tibia; mientras, el personal de estos centros de apoyo busca desesperado los recursos para seguir alimentándolos.
Después del incidente, dejaron todo: Medicamentos, comida, ropa, sus recuerdos. Cuenta Paulino que aquel 13 de noviembre acababan de comer y se disponía a recostarse cuando de repente escuchó gritos, alguien quitó el extinguidor que justo estaba a su lado y le dijeron “vámonos, se está quemando.
“Hasta él, que no tiene una pierna, salió corriendo. Yo vivía en el cuarto que se quemó, ya me iba a ir a dormir y mira lo que pasó. Nos salimos corriendo, ‘vámonos’, dije.
Pero ya queremos regresar, aquí estamos sin cama, en el piso, no nos da miedo, ¡pero en la noche hace un frío!”, relató sin perder el sentido del humor Miguel Ramírez Méndez, de 70 años.
Aunque voluntarios de Estados Unidos los ayudan con despensa y personal del DIF ha ido a revisar su estado y llevarles cobijas, estos “abuelitos” viven muchas carencias.
Las cobijas no son suficientes ante las bajas temperaturas de la noche, el material de curación es de primordial urgencia, y medicamentos faltan, pues la mayoría tiene diabetes o hipertensión.
“Se quedaron allá mis dientes, mis 5 mil pesos, el teléfono de mi hermana para decirle que venga por mí, ya se me olvidó el número, pero si la encuentro, que me lleve al DF con ella”, agregó Miguel, uno de los supervivientes, porque “a mí ya me habían desahuciado y mira”.
Con todas las ganas de vivir, los ancianitos dijeron ser sobrevivientes e incluso agradecieron de antemano la ayuda que podrían tener de la comunidad, porque aunque estén tratando de habituarse en su rostro se revela la nostalgia que sienten por su hogar.
Puede ayudarlos
Donaciones recibidas en el Centro de Rehabilitación La Esperanza, ubicado sobre la carretera libre a Tecate, en calle Paraíso Azteca, número 26, justo al lado del parque recreativo con el mismo nombre.