TIJUANA, Baja California(PH)
Más de un millón de dólares, es lo que decenas de comerciantes afiliados a la Asociación de Comerciante del Bazar Insurgentes estiman han perdido, luego de más de cinco años de conflicto con la comercializadora que les vendiera los locales y a la que acusan de haberlos despojado en por lo menos tres ocasiones de sus fuentes de trabajo.
Mostrando grandes lonas en las que exhibían los nombre de los socios de la Comercializadora y Promotora Insurgentes, desde temprana hora el grupo de comerciantes se ubicó en varios puntos de la ciudad como la Glorieta Cuauhtémoc, Centro de Gobierno para finalmente arribar a Palacio Municipal cerca de la una de la tarde.
Los comerciantes del bazar afirman que desde que éste comenzó a operar hace cinco años, en tres ocasiones han sido despojados de sus locales al negárseles la entrada, además de haber sufrido pérdidas millonarias en mercancía.
“Está mal construido el bazar, se nos inunda cada año y hemos gastado más de 6 mil dólares nada más en limpiarlo cada año, cuando a ellos les corresponde hacerlo”, comentó Rosa Aripes Castro, secretaria de la Asociación de Comerciante de Bazar Insurgentes.
El proyecto original contemplaba el funcionamiento de 500 locales comerciales, sin embargo, en un documento difundido por la asociación, se explica que en lugar de esto, la comercializadora les entregó locales simples con problemas de mantenimiento y deficiencias en la construcción.
“Desde hace tres años suspendieron venta, renta y mantenimiento, dejaron de pagar el agua empezó a acumularse mucha basura y empezaron a vandalizar el local”, Rebeca García, tesorera de la asociación.
Aseguran además que a los comerciantes que ya han cumplido con el pago de compra-venta de los locales se les ha negado la entrega de escrituras, y a aquellos que siguen pagando no se les expiden las facturas correspondientes.
“Tenemos la esperanza, nosotros somos comerciantes y queremos también ayudar al pueblo de Tijuana a generar empleos porque ahorita la situación está muy crítica”, señaló Ana María Fernández, compradora de uno de los locales.