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Muchas escuelas siguen cerradas en Haití por Matthew

Muchas escuelas siguen cerradas en Haití por Matthew

Muchas escuelas siguen cerradas en Haití por Matthew
La escuela siempre le dio una sensación de seguridad a Love Manie Simeus, de 12 años. Foto: Especial
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MERSAN, Haití (AP)
La escuela siempre le dio una sensación de seguridad a Love Manie Simeus, de 12 años.

Es una niña estudiosa que jamás falta a clases y a menudo corre por un surco desde la casa de su abuela para llegar antes que los maestros.

Tras el paso del huracán Matthew, sin embargo, la escuela al pie de las montañas próximas a la ciudad Les Cayes ya no es un oasis que hace olvidar las penurias de la vida rural.

Ahora la niña vive allí, junto a una cantidad de personas y en condiciones descorazonadoras.

"Ojalá empiecen pronto las clases. No quiero retrasarme", dice la pequeña, quien apenas si puede dormir junto a su abuela en el duro piso de un aula atestada de gente en Mersan.

Ayuda a cocinar para una docena de desplazados por la tormenta y conjuga verbos en su mente pues los textos escolares quedaron bajo el agua en su vivienda, hoy destrozada.

Solo unas pocas escuelas reabrieron a pesar de que el gobierno haitiano dijo que las clases se reanudarían a partir del martes en el sudoeste del país, la región donde la tormenta golpeó con más fuerza.

Las autoridades locales afirman que tomará mucho más tiempo.
El gobierno dice que al menos 420 escuelas públicas fueron dañadas o destruidas en la tormenta y muchas de las que sobrevivieron con pocos destrozos, como la de Love, albergan víctimas del temporal que no tienen adónde ir.

Y esa cifra no incluye las escuelas privadas, que son muchas más que las públicas en Haití.

"Puerto Príncipe sigue diciendo que las escuelas deberían reabrir ya, pero no hacen nada para que eso suceda.

Tenemos todos estos estudiantes desamparados, muchos maestros que se quedaron sin vivienda", expresó el alcalde de Les Cayes Jean Grabriel Fortune.

Han pasado dos semanas desde que el huracán de categoría 4 azotó Haití, matando a cientos de personas y destruyendo decenas de miles de precarias viviendas. Las clases fueron interrumpidas para unos 100.000 niños.

Alexis Aniese, madre de tres pequeños que perdió su vivienda en un barrio pobre de Les Cayes, dijo que deseaba desesperadamente que se reanudasen las clases.

Pero si eso sucede, la familia se quedará sin su único refugio, que comparte con otras 500 personas desamparadas.

"Quiero que empiecen las clases. Pero al mismo tiempo, necesitamos un techo y no estamos en condiciones de conseguir uno por nuestra cuenta", confesó.

En el techo de la estructura hay varios niños sentados, que ven cómo otros juegan al fútbol, usando piedras como postes.

Schnaider Chery, de 11 años, dice que no le gusta la monotonía de la vida en el refugio.

El muchacho, de aspecto delgado, temía que no le permitirían volver a la escuela porque el viento del huracán se llevó su uniforme y su familia no puede pagar a un sastre para que le haga otro.

"¿Me permitirán volver si no tengo un uniforme?", preguntó el niño a un periodista de la Associated Press.

Algunos muchachos se entretienen con juegos. Otros pasan el día tirados en bancos de la escuela, junto a los adultos. Algunos, por la ansiedad, vuelven a chuparse los dedos, como en sus primeros años. Varios padres aseguran que sus hijos se pelean y se alteran fácilmente ante esta situación.

Personal de asistencia acostumbrado a lidiar con niños en situaciones de crisis dicen que el huracán puede dejar muchos traumas en los menores.

"Los chicos no pueden estar más de un mes sin ir a clases. Hay trastornos mentales que pueden agravarse con el tiempo", expresó Olivia Watson, coordinadora de comunicaciones de Save the Children, organización de Londres que administra 27 escuelas en la región de Haití afectada por la tormenta.

Love hace lo posible por mantenerse ocupada, pero tiene pesadillas en las que recuerda los feroces vientos de Matthew. Cuando se le preguntó qué es lo que más extrañaba de su antigua vida, dijo que una muñeca de plástico llamada Natasha.

Ante otra pregunta, comentó entre risas que la muñeca "está muerta. Fue aplastada por el techo".

La niña le lee pasajes de la Biblia a otros refugiados por la noche y revisa textos escolares que sobrevivieron a la tormenta.

Cuida celosamente su uniforme escolar, que guardó en un balde de plástico en el que su familia tiene la ropa que pudo conservar.

"Quiero que mi uniforme esté listo cuando vuelvan los maestros", expresó mientras cuidaba una hornalla a carbón en la que preparaba espaguetis para una docena de personas, jóvenes y viejas.
TÓPICOS: MATTHEW

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