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La Hora del Lobo
Federico Campbell campbellobo@yahoo.com.mx
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Impotencia literaria

e impotencia sexual



La mente humana tiende a comparar y por eso, por simple analogía, asocia la decadencia artística con la impotencia sexual. Por lo menos así lo cree el director, evidente y arrogantemente joven, Quentin Tarantino: “Hay una clara relación entre el impulso sexual y el impulso artístico.” Y por lo mismo no es raro escuchar entre nosotros la opinión de que cierto poeta escribió sus mejores poemas en su juventud o que algún novelista consagrado dio lo mejor de sí mismo en sus primeras novelas, cuando tenía menos de cuarenta años y toda la vida por delante.

Ser joven consiste en tener una mayor capacidad de ilusión.

En uno de sus poemas, autorizado por su longevidad, Jorge Luis Borges habla de “la humillación del envejecimiento”. Pero ya mayor Borges no flaqueó en su talento. Antes al contrario.

Las películas de Woody Allen ¿son mejores ahora de viejo o no tan buenas como cuando era un joven lleno de ilusiones?

Tarantino se imagina que cuando algunos directores pierden su impulso sexual algo se pierde en su cine. “La verdad es que no quiero hacer películas de viejo. Quiero hacer películas de hombre joven, quiero que la gente vea que el tipo que ha hecho la película no tiene una erección muy tímida.”

¿La edad es la única clave?

No lo cree el autor de Perros de Reserva y Pulp Fiction. De lo que está convencido es de que una obra artística —una pintura, una novela, un poema, una película— debe tener una “fuerza”, una cierta “energía”. “Hemingway no se suicidó por otra cosa: se suicidó porque ya no tenía fuerza para escribir, no porque no pudiera hacer el amor, sino porque no podía con su mente loca.”

No hay Mozarts en la literatura, salvo algún caso de precocidad como el de Rimbaud. No hay en la novela jovencitos que llamen mucho la atención con sus primeras salidas.

Julio Cortázar publicó su primer libro a los cuarenta y un años. Goethe terminó de escribir Fausto a los ochenta. Cervantes escribió la primera parte del Quijote, en 1605, a los cincuenta y ocho años; y la segunda, a los sesenta y ocho. Sin embargo, y para que la regla no sea perfecta, Francis Scott Fitzgerald triunfó con El gran Gatsby a los 29 años. Y Juan Rulfo escribió sus trescientas páginas antes de los cuarenta años.

¿Qué tanto importará la edad? Hay ejemplos para todos los gustos: escritores o pintores que brillaron con sus primeras luces, novelistas o dramaturgos que sólo cuajaron sus obras importantes o maestras en la última edad, poco antes de que se les acabara la película.

El inglés Ford Madox Ford, por su parte, estaba convencido de que la novela es un arte de viejos: requiere no sólo de una vasta experiencia literaria —convivencia diaria con las palabras, pensamiento literario sostenido— sino también de una enorme experiencia de la vida misma. Haber sufrido. Haber gozado.

“Siempre mantuve como idea fija que —cualquiera que fuera el caso de otros escritores— yo por lo menos sería incapaz, antes de cumplir los cuarenta años, de escribir una novela que me interesara.”

*- El autor fue escritor de los libros “La clave Morse”, “El Imperio del adiós” y “Transpeninsular”.


Fecha de Publicación: 23/02/2014



   
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