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Primera Plana
Óscar Génel
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Los diputados del PRD en la ciudad de México, primero cambiaron el espíritu de una ley que castiga los actos vandálicos, que les dieron proporcionalidad, eso explicaron; y más tarde, nadie sabe si con dinero propio, pagaron la fianza de los que estaban detenidos por los daños a terceros causados el 1 de diciembre pasado. Que los castigos eran excesivos sostienen constitucionalistas de la talla de Miguel Carbonell y que el aparato oficial fue brutalmente represor dijeron los políticos de izquierda. Lo que vimos en la TV nos dice de una realidad violenta que debe desaparecer de la práctica callejera porque, se quiera o no, la violencia genera violencia en sentido contrario.
Vimos en la TV a muchos enmascarados causando perjuicios a edificios, vehículos, comercios, arrojando objetos en contra de policías; vimos a muchos chamacos, ellos y ellas, con el rostro desencajado, gritando consignas y aventando lo que encontraban a la mano tratando de ofender todo lo que estaba frente a ellos; vimos a muchos jaloneando las vallas de metal que limitaban sus campos de operación y escuchamos del estruendo verbal las majaderías que pretendían alcanzar un objetivo al que no pudieron llegar. ¿Alguien los mando? Si así fue, aun no lo sabemos, pero tenemos el derecho de imaginar que entre todos los contribuyentes estamos pagando el precio de esos desmanes.
Es socialmente saludable que los castigos a quienes violenten la convivencia humana sean proporcionales a los estropicios causados; es lamentable., que por un caso en especial, se hagan arreglos para garantizar la libertad de quienes merecen ser castigados. El nuestro, es un país donde todo es posible, hasta aquello que en otras partes seria simplemente imposible, por ejemplo: les pagamos a los que impiden el orden, el respeto y la tolerancia y les damos fuero y mucho dinero a los enemigos del desarrollo nacional que nos lleve el progreso familiar. Los que hace mucho tiempo se dijeron víctimas de la represión, siguen viviendo cómodamente de sus demandas como víctimas del gobierno, actuando ahora como diputados, senadores, alcaldes o gobernadores.
México, por más que pretendan disfrazarlo, sigue siendo un país sin leyes y, dígase lo que se diga en contrario, tiene un gobierno fallido.

El autor es catedrático de la UPN campus Mexicali.

Fecha de Publicación: 01/01/2013
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