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El Sacrificio de un ciervo sagrado Dir. Yorgos Lanthimos

Tras haber recibido el premio a mejor guión durante el festival de Cannes de 2017, finalmente se estrena en México la más reciente cinta de Yorgos Lanthimos. Una muy libre adaptación del dilema de Agamenón e Ifigenia, como el título lo indica, y el mejor trabajo del director griego hasta el momento.

Desde la primera toma Lanthimos se propone (y logra) incomodar al espectador. La imagen de una operación a corazón abierto, el órgano latiendo en primer plano mientras manos envueltas en látex trabajan en él, es sólo un preámbulo del trastorno que se avecina.

La fotografía y el imparable movimiento de cámara de Thimios Bakatatis, que sigue el recorrido del cirujano Steven Murphy (Collin Farrell) a través de los pasillos del hospital, mientras habla inexpresivamente acerca de relojes con su anestesiólogo, transmite la perturbadora sensación de que algo inexplicable está a punto de suceder. Los emplazamientos y “travellings” de cámara aunados al constante uso de un lente gran angular, reproducen a la perfección el estilo utilizado por Kubrick para invadir la piel del espectador.

Los encuentros secretos del cirujano con un extraño adolescente, Martin (Barry Keoghan), en los que comparten alimentos, mantienen incomodas conversaciones e intercambian regalos son el primer misterio de la cinta por descifrar.

En su ostentosa casa, la familia Murphy, conformada por Steven, Anna (Nicole Kidman, revisitando su actuación en “Ojos bien cerrados”) y sus dos hijos, Kim y Bob, se conduce con la misma actitud monótona y somnolienta que permea a todos los personajes. Una característica inconfundible de Lanthimos, que en esta ocasión agrega un nivel más de ansiedad.

Una vez que Martin irrumpe en la experiencia familiar y forma parte del círculo de los Murphy las interacciones se vuelven inquietantes. El misterioso vínculo es revelado. El padre de Martin falleció durante una cirugía realizada por Steven y el momento de ajustar cuentas ha llegado.

Martin, así, se convierte en una encarnación del ángel exterminador (elemento intencionalmente buñueliano) que pone de cabeza el esterilizado universo de los Murphy. Para poder equilibrar la balanza, Steven tendrá que tomar la decisión más difícil de su vida.

Si su cinta “Kynodontas” (2010) parecía ser un remake de “El castillo de la pureza” de Ripstein (1972), la experiencia que representa “el ciervo sagrado” es lo más cercano a una película de Buñuel co dirigida por Kubrick que pudiera existir.

Lanthimos, una vez más, retrata un universo retorcido y surreal, donde no existen y no son necesarias las explicaciones. Su interpretación del dilema moral, ocasionado como consecuencia de acciones pasadas y errores irreparables que requieren de un pago karmático, resulta espeluznante.

El mundo que habitan los Murphy y su aterradora situación remite por partes iguales al cine de Haneke, Buñuel y Kubrick, en la forma en que desenmascara la normalidad y el discreto encanto de la “burguesía” a través de su metáfora sobre la justicia divina.

¿Obligados a pagar por cada uno de nuestros actos, errores y omisiones… terminaríamos todos tuertos?

El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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