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Las claves de la elección

El próximo domingo se cumplen 60 días de precampañas electorales que en realidad son campañas disfrazadas. Una laguna inmensa en nuestra legislación electoral que los partidos no se atreven a corregir. El saldo de estas supuestas actividades internas es un candidato (o precandidato) que se mantiene adelante de manera consistente, con una diferencia de entre diez o doce puntos con respecto al segundo competidor.

Según las dos últimas encuestas (El Financiero y Parametría), incluyendo el análisis realizado por EL País hace unos días, las preferencias electorales por Andrés Manuel López Obrador oscilan entre 34 y 38 por ciento. En tanto que por Ricardo Anaya están entre 23 y 27 por ciento, y en tercer lugar está José Antonio Meade con 21 y 24 por ciento. Si bien las precampañas no expresan todavía la intensidad y la confrontación que puede alcanzar la lucha por la presidencia, los datos anteriores nos dan una pista de cómo se están moviendo, en este momento, las preferencias de los ciudadanos.

En dos meses la fotografía que arrojan las encuestas es que hay un precandidato con una ventaja holgada (AMLO), uno que avanza muy lentamente como es Anaya y un tercero como es Meade que se muestra rezagado y prácticamente estancado. Al lado de esto también se observa que los aspirantes a la vía independiente casi se han desplomado antes de llegar a reunir las firmas requeridas para su registro. Adelantando una conclusión, parece evidente que los independientes no cuajaron y se descarrilaron en el camino.

Hay muchos factores que pueden servir para explicar estas tendencias como son, por ejemplo, la división interna en el PAN, acentuada en gran medida por el mismo Ricardo Anaya que se mostró como un personaje ambicioso y dispuesto a quitarse obstáculos al costo que sea. Mientras que en el caso de Meade se quedó atrapado en una contradicción o en una fórmula usada para catapultarlo: Un “ciudadano” que no es del PRI pero que en todos sus actos aparece ligado a sus usos y costumbres.

Sin embargo, el factor que está marcando hasta ahora la tendencia en las preferencias electorales es, o parece ser, el voto anti PRIAN; es decir, el rechazo a votar tanto por el PRI como por el PAN, lo que lógicamente explica la ventaja sostenida de López Obrador, a quien se identifica como la única alternativa que quedaría después de descartar a los otros partidos o candidatos. Esta es una de las primeras claves a tener en cuenta en esta elección.

Los otros elementos que pueden ser claves también, y que hasta ahora han sido muy poco considerados en los diversos análisis, es la posible fragmentación del voto al interior de las coaliciones electorales. Hasta ahora no hay seguridad de que los miembros de los partidos coaligados voten por el candidato presidencial que han postulado o postularán en unos días más.

Ninguna alianza escapa a este proceso, pues es muy posible que los priistas que no estén de acuerdo con Meade voten por otro candidato, lo mismo para el caso del PAN y de Anaya, en donde perredistas y panistas pueden emigrar hacia otras opciones por sus discrepancias, y lo mismo puede suceder para Morena cuya alianza (con el PES, por ejemplo) ha generado descontento entre sus filas.

Hasta ahora, estos posibles desplazamientos son una incógnita. Pero lo que sí están registrando ya algunas encuestas es un escenario donde, hipotéticamente, se toman en cuenta los votos de cada partido coaligado, arrojando un 38 por ciento para Morena, el 37 para el PAN y 24 por ciento para el PRI (Parametría). La suma en el caso del El País, es de 31 por ciento para Morena, 34 para el PAN y 28 para el PRI.

Esto nos indica que la elección, a pesar de todo, no está definida y que si los partidos (en cada alianza electoral) obtuvieran realmente el porcentaje de votos que muestran las encuestas, habría una disputa reñida entre AMLO y Anaya. Pero, como lo más probable es que, como decía líneas arriba, haya un desplazamiento de votantes (una fragmentación) no sabemos con exactitud a quién le será más favorable.

La clave en este escenario es cuántos votantes va a perder cada partido, producto de estos desplazamientos y de sus propias contradicciones o discrepancias, y hacia dónde se van a mover mayoritariamente. ¿Se moverán hacia Morena y AMLO, o hacia el PAN y Anaya?

Faltan etapas decisivas del proceso electoral como pueden ser los debates entre candidatos, la llamada guerra sucia que los partidos pueden hacer entre sí, así como posibles desplazamientos y cambios imprevistos ya sea entre aspirantes independientes o en algunos partidos.

Es difícil mover o alterar el estado de ánimo que priva contra los partidos o los candidatos del régimen, que es clave en la ventaja de López Obrador, pero tampoco es imposible. La batalla apenas está empezando.

*El autor es analista político

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