COLUMNAS
JUEGOS DE PODER
La importancia de los dos golazos de Anaya

La semana pasada, Ricardo Anaya tuvo una semana de maravilla. Por un lado, el dirigente nacional del PAN, junto con sus pares del PRD y MC, registraron en el INE su intención de unirse en un frente rumbo a las elecciones del próximo año. Por el otro, el gobierno de Peña y el PRI finalmente recularon de su intención de nombrar al procurador Raúl Cervantes como primer fiscal autónomo gracias a la presión de Anaya y sus nuevos aliados. Dos golazos en unos cuantos días.

El primero, el del Frente Ciudadano por México, demuestra un trabajo de operación política fina para lograr la unión de tres partidos con plataformas ideológicas tan diferentes como son el PAN, PRD y MC. Ya dieron el primer paso enseñándonos a los escépticos que este Frente va en serio y puede convertirse en un game changer de la próxima elección.

Todavía tienen que ponerse de acuerdo en muchos temas, sobre todo cómo elegirán a sus candidatos, incluyendo el presidencial, donde efectivamente este matrimonio puede terminar en divorcio. Por lo pronto, el Frente va y, como ya desde hace tiempo lo vienen demostrando las encuestas, la unión de esos tres partidos sí puede darle la competencia al candidato que hoy va arriba en las encuestas, López Obrador, ni se diga al PRI que está contando con que el PAN se desfonde para ellos competirle de tú a tú a Morena.

El otro golazo de Anaya no es menos importante. Contra todo lo que esté diciendo el PRI de que el gobierno de Peña no quería a Cervantes en la Fiscalía, lo cierto es que la mayoría de la opinión pública y publicada sí tenía la percepción de que Los Pinos y su partido habían congelado la iniciativa presidencial para evitar el pase directo del hoy procurador a fiscal autónomo. En los hechos, no en los dichos, los priistas estaban operando para que se quedara Cervantes.

Llegó entonces Anaya quien rudamente bloqueó la instalación de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados hasta que el PRI y sus aliados no aceptaran aprobar la iniciativa de derogar el pase directo del procurador en funciones a primer fiscal autónomo. Los priistas, a quien les disgusta que se rompa el orden institucional (no está en su ADN), finalmente retiraron su pretensión de nombrar a Cervantes a cambio de instalar la Cámara de Diputados.

La jugada de Anaya y sus aliados fue muy ruda poniendo en peligro el orden constitucional. Pero le funcionó, y muy rápido, demostrando, así, que no sólo puede hilar fino en construir una alianza electoral sino que puede ser un fajador como se va a necesitar para la próxima contienda presidencial. Mañoso, duro e implacable, como lo es López Obrador y como seguramente lo serán los priistas, su candidato y el gobierno de Peña en las próximas elecciones de 2018. Ni Margarita Zavala ni Rafael Moreno Valle parecen tener estas características para una pelea que sabemos será rudísima el año que viene.

Anaya también demostró que cuanta con el apoyo de la gran mayoría del PAN. No logró la unidad del partido en el Senado porque cinco senadores se le voltearon negociando directamente con el PRI. En la otra cámara la cosa fue muy diferente. Los diputados panistas se unieron en torno a la maniobra obstructora de Anaya y aguantaron vara. Les funcionó y le propinaron un golpe al gobierno y al PRI quienes aceptaron retirar el pase directo de Cervantes.

Y hay más. Sabemos que uno de los principales temas de la elección del año que entra será la corrupción. El PRI tiene perdido ese tema. Tratará de capotearlo todo lo que pueda. López Obrador, en cambio, ha dicho que será el asunto central de su campaña. Su principal propuesta para resolver la corrupción es que llegue alguien honesto a la Presidencia y la honestidad se transmutará hacia todos los niveles de gobierno. Además, el candidato de Morena ha dicho que su prioridad será ver hacia el futuro por lo que habrá una especie de amnistía con los corruptos del pasado incluyendo los del gobierno actual. No se les perseguirá. Frente a esta propuesta de honestidad/amnistía, Anaya y sus aliados al parecer ofrecerán algo diferente en la lucha contra la corrupción. Por un lado, el flagelo se combatiría por la implementación de un sistema sofisticado y eficaz de instituciones anti-corrupción. Por el otro, sí se procesaría judicialmente a los corruptos del pasado y del presente. Para eso se necesita un fiscal general y otro anti-corrupción auténticamente autónomos y capaces. De ahí la importancia que no quedara Cervantes. Esa propuesta de Anaya y los frentistas –instituciones/persecución– bien podría ser más eficaz y popular que la de AMLO.

Correo electrónico: leo.zuckermann@cide.edu

*- El autor es analista político/profesor investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

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