COLUMNAS
TERMÓMETRO MENTAL
La estética de lo vulgar

La epidemia de la canción, versiones y videos de “Despacito” es un fenómeno digno de reflexionar. Aunque hay que reconocerle que tiene momentos de balada, ligera influencia rítmica del reggae, es pop, tiene cumbia pero es sobre todo rap puertorriqueño que emula a “La gasolina” también producto de Daddy Yankee, su nombre artístico lo dice todo.

Fonsi jamás imaginó el alcance de su pieza, no tiene nada de genial, pero es la cúspide de un largo movimiento de degradación de la música de las masas hacia lo pegadizo por repetitivo. Además de lo repetitivo de la melodía, el efecto repetitivo en los medios hace que cuanto más la escuchemos más se nos pegará, y en esas estamos. Detenerse sílaba por silaba, “Des-pa-cito” más una voz aguda y tienen la receta para un éxito actual de reguetón. Nada rebuscado, sin acordes que provoquen arte, con estribillos cortos y repetitivos. Fuera de las sociedades con fuerte represión de lo erótico, como los países musulmanes, la canción está escuchándose en casi todo el planeta, lleva más de mil millones de visitas en YouTube.

El reguetón implica un ambiente urbano, o eso pretende, pobre y con una estética propia del negro americano de escaso bagaje cultural, un sometimiento a la globalización de esa concepción de lo “cool” de la anticultura, cuanto más corriente y ostentoso más atractivo.

La oficialización del vulgar perreo, desde la pubertad. Alegoría del coito explícita y carente de romanticismo o erotismo. Se trata más de un “porno soft musical” tanto en imagen como en letra. Una fuente de malestar en la cultura, donde la sublimación y el lenguaje metafórico sobre la sexualidad se rebaja a lo más elemental, el siguiente paso sería francamente pornográfico.

A veces nos cuesta reconocer que no hay continente más liberal en la expresión de la sensualidad en la cultura popular que América, Latinoamérica en particular, esencialmente el Caribe.

Pero esta es la manifestación más pobre de la música popular en la historia. ¿Hacia dónde evolucionará esta música?, difícil de imaginar. Deseo un renacimiento de música popular de calidad, el pronóstico no es bueno. El Internet tanto nos informa como nos deteriora estéticamente. El gusto de las mayorías no es garantía de arte, hay que impulsar a los músicos de otros géneros y frenar el deterioro del lenguaje musical.

Así como sucedió con el paso del Streap Tease al Table Dance, donde la pérdida de la sensual simulación del pudor se pierde, así sucede con el reguetón. Aún recuerdo mi juventud donde lo más pícaro era “La boa” de la Sonora Santanera.

No se trata de ser moralino, sino de defender la cultura, incluso la de la picardía.

* El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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