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EL ARTE DE LA GUERRA
Nuevo sexenio, nueva esperanza

“Se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa”

Mario Cuomo

La contundente victoria de Andrés Manuel Lopez Obrador y su Movimiento de Regeneración Nacional viene a coronar una lucha iniciada por Cuauhtémoc Cardenas en los 80’s entre el modelo nacionalista y el neoliberal, reforzado por el hartazgo ciudadano hacia los gobiernos del PRI y el PAN.

El viejo modelo de Nacionalismo Revolucionario, que finca al estado como actor y regulador del desarrollo económico de un país, se convirtió en el dogma del mensaje del presidente electo para convencer a los casi trece millones de votos obtenidos.

Sin embargo, aun aceptando que el modelo neoliberal, contaminado por la corrupción y la oligarquía, no ha funcionado, la historia nos demuestra que el modelo nacionalista implementado por Echeverría y Lopez Portillo genero las mismas desigualdades, y peores desbalances en la labor de gobierno.

En ese contexto, y en el umbral de vivir los cambios más profundos en materia económica y social de los últimos 30 años, que según lo acontecido el pasado domingo son la voluntad ciudadana, no podemos permitir se pierdan los logros alcanzados.

Los únicos contrapesos reales que tenemos al poder político son nuestras instituciones democráticas. Entre otros, se deben preservar y fortalecer la independencia de BANXICO como organismo rector de la economía, de INEGI como articulador de las estadísticas económicas y sociales, del INE como garante de la democracia, amén de los poderes legislativo y judicial.

Aunque pareciera que los temas fundamentales del nuevo gobierno serian la seguridad y la corrupción, indudablemente ambos fenómenos tienen una causa común llamada impunidad.

Impunidad alimentada por un débil estado de derecho, con una fiscalía general al servicio de intereses particulares y fungiendo más como entidad de control político que de impartición de justicia.

Sin embargo, combinado con el derecho a la salud, la alimentación y la vivienda, la seguridad es un derecho mínimo indispensable que debemos tener los mexicanos, pero los problemas coyunturales son la pobreza, la educación, y el desarrollo económico.

Paralelamente a la inseguridad y corrupción, el nuevo presidente tendrá que concentrarse en estos temas, que son los que verdaderamente nos tienen en el nivel de subdesarrollo que sufrimos.

El mejor programa de prevención al delito es la educación. La reforma educativa tiene que ser respetada y mejorada para asegurarnos nuestros jóvenes puedan aspirar a puestos mejor remunerados.

Igualmente, Mexico ha padecido la ausencia de una verdadera política industrial que permita elevar nuestro nivel de competitividad con el resto del mundo, asegurándonos la tecnología del conocimiento que nos permita evolucionar de un país maquilador a uno verdaderamente industrializado.

Se necesita de igual manera incrementar la inversión en infraestructura que permita seguir atrayendo la inversión nacional y extranjera.

Se deben generar políticas públicas centradas en el individuo como ente creativo y eje de desarrollo económico. Solo así podremos evolucionar al nivel de economía que merecemos de acuerdo a nuestros talentos, recursos naturales y geografía.

Los vientos de cambio nos han alcanzado. Que la perseverancia del nuevo presidente sirva para lograr el país que anhelamos y merecemos todos los mexicanos.

Apoyémoslo y exijámosle, si le va bien al presidente nos va bien a todos los mexicanos.

* El autor es Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Publica del Estado.

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