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EL MUNDO ME DA VUELTAS
¡Hip, hip, hurra! por Margarita

De pie aplaudo la decisión de Margarita Zavala, al presentar su registro como candidata a la Presidencia de México, de renunciar a cualquier dinero que pudiera corresponderle del financiamiento público que se otorga a candidatos de partidos e independientes para la elección del 1 de julio.

Una decisión sensata que habla mucho de congruencia porque ya no es posible que en un país de pobres como el nuestro, gastemos anualmente de nuestros impuestos casi 7 mil millones de pesos en la operación de los partidos políticos. Aquí cada quien debería rascarse con sus propias uñas y conseguir, vía militantes y simpatizantes, el dinero que necesiten para su operación y su propaganda.

En ese mundo de dinero público desperdiciado, según el punto de vista de millones de mexicanos como yo, no se cuentan las miles de horas “aire” en televisoras y estaciones de radio, que están destinadas a las campañas, porque esas son “gratis”, según lo marca la ley.

Una campaña política exitosa debería ser directamente proporcional al éxito de su recaudación porque implicaría que el candidato es exitoso también en ese tema y las aportaciones voluntarias de quienes se comprometen con un proyecto deberían ser suficientes para financiar una campaña. Si no lo es, quiere decir que el candidato no convence ni a su familia, sus seguidores y amigos a que lo apoyen.

Además, no le juguemos al tío Lolo (haciéndonos pentontos solos) siempre hay mucho más dinero no declarado en cualquier campaña del PRI, del PAN, del Verde o de cualquier otro partido. El argumento de que podría infiltrarse dinero del crimen organizado, tanto el que viene de los delincuentes de cuello blanco, del narcotráfico o de la corrupción gubernamental, es muy fácil detectarlo. Si no, que le pregunten al SAT y a la PGR cómo, cuando quiere, detecta “lavado de dinero” en tiempo récord.

Mecanismos de supervisión para financiarse sólo con dinero privado existen muchos, casi tantos como los pretextos para no eliminar este ominoso derecho (prerrogativas les llaman en los partidos), pero la realidad es que si una empresa privada puede ser fiscalizada, también un partido político es fácil hacerlo.

Estaría de acuerdo en la necesidad de establecer topes de aportaciones por empresas y por individuos, por realizar la recaudación solo mediante los mecanismos financieros existentes e incluso bajo parámetros de control del gasto con proveedores autorizados, con la intención de evitar ese despilfarro insultante que es el financiamiento público a los partidos y sus campañas.

Lo dijo Margarita Zavala antier en su registro y cito textual: “el dinero (público) ha convertido a la política en un negocio en el que priva la ambición y el descaro, por eso solo termina en escándalos de fraudes, de casinos, de ligas, de departamentos en Estados Unidos, de moches, de naves industriales, de casas blancas y de lavado de dinero”. Aplauso de pie de nueva cuenta.

Ojalá empecemos por dignificar la política quitando un gasto del erario que podríamos usar para solventar las múltiples carencias que tenemos en bienestar social, desarrollo económico e infraestructura.

Uno de mis amigos se reía el otro día de las promesas millonarias de AMLO para el país al pretender financiarlas con su cruzada contra la corrupción y ¿saben que? creo que se queda corto López Obrador para lo que alcanzaría el dinero público si no lo desperdiciáramos, lo mal usaran o se lo robaran, como hasta ahora ha sucedido.

* El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

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